
En una esquina cualquiera, en un oscuro portal o en medio de un basurero ¿qué importa el paisaje si sólo es un telón de fondo sin matices, sin semejantes, sin palabras? El drogadicto perdió su intimidad y muestra una imagen pública de una terrible soledad, yace solo en sus intentos de auto inocularse una sustancia de cualquier manera y obtenida a cualquier precio. Está sujetado a un objeto de cuya incorporación, cual biberón venenoso portador de mala leche, dependerá en su enésimo intento de reconquistar un instante que borre el dolor, la angustia, el sin sentido de su existencia. O simplemente hace una apuesta al límite que le permita un goce a medida, auto proporcionado como y cuando quiere para su autosatisfacción. Seguir leyendo »